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lunes, 24 de septiembre de 2012

Protegiendo a los inocentes


Ya no explotarán más bombas.
Ni un sólo disparo podrá desvelarte.
No más llantos ni gritos.
Nadie profanará nuestro hogar.

Duerme tranquila, cariño.
Duerme sin miedo.
Acurrucada en mi pecho, mis dedos entre sus rizos.
Duerme en paz, solo hay luna y estrellas en el cielo.

Suspira...
Y cada suspiro,
una bocanada de aire fresco
que anima a seguir en la lucha;
aires de revolución.
En medio de tanto horror y miseria,
LA ESPERANZA



"A medida que los ojos del mundo se centran en la creciente violencia en Siria, no debemos pasar por alto el hecho de que los niños, que no son responsables de esta tragedia, están pagando un precio muy alto. Los niños están perdiendo sus vidas, perdiendo sus hogares, perdiendo a sus padres y perdiendo su escolaridad."

Anthony Lake - Director Ejecutivo de UNICEF


"Los niños que huyen de la violencia en Siria se encuentran en riesgo de sufrir problemas psicológicos a largo plazo sin la atención adecuada"
"Ahora mismo, los espacios habilitados en Za'atari tienen capacidad para unos 2.500 niños. En sólo unos meses, se espera que alrededor de 35.000 niños estén en el campamento, por lo que es urgente proporcionar más lugares seguros y otro tipo de servicios para proteger a estos niños que ya han sido expuestos a mucho sufrimiento".

Dominique Hyde, representante de UNICEF en Jordania


Pero no sólo los  conflictos armados golpean a la infancia, también lo hacen las medidas de austeridad adoptadas por gobiernos europeos como el Español en respuesta a la crisis económica, tal y como se recoge en el informe de UNICEF "La infancia en España 2012-2013: El impacto de la crisis en los niños".

En España, 2,2 millones de niños viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza, un 10% más que en 2008.


Protejamos a los inocentes, porque ellos son nuestra única esperanza.


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domingo, 15 de enero de 2012

Historias robadas

Una familia fuera de su tienda de campaña en el campamento BadBado en Mogadiscio, Somalia
© Kate Holt / IRIN

Todos tenemos una historia que contar: nuestra propia historia.

La compartimos con nuestros amigos y con nuestros familiares. Cuando sufrimos, esperamos el consuelo de alguien cercano. Y los momentos felices, deseamos compartirlos con los que nos rodean. Una sucesión de momentos, felices y no tan felices, que componen nuestra vida.
Incluso la historia individual de cada uno de los millones de seres humanos que viven en la pobreza más absoluta es una sucesión de momentos compartidos, de consuelo, de penas y de alegrías, en definitiva la historia de una vida.

Y así también es la historia de los pueblos. Una historia que dura generaciones y que habla de épocas de prosperidad y de épocas de declive. De guerras y de paz. De justicia y de injusticia.  Con la única diferencia que la historia de los pueblos la escriben los gobernantes a través de los medios de comunicación, mientras que la historia personal la escribe cada individuo.

Nadie puede robarnos nuestra propia historia personal. Quizá, lo único que verdaderamente nos pertenece.

Sin embargo, hay pueblos cuya historia apenas aparece en los medios. 

Historias olvidadas de hambre, de miseria, de muerte, de violaciones, de esclavitud, de desalojos, o de explotación. Que sólo ocupan portadas cuando alcanzan niveles insospechados de crueldad.

¿Y qué es la historia de un pueblo sino la historia de sus gentes?

Mujeres y niñas que ocultan su rostro por la vergüenza de haber sido violadas. Su grito silencioso de rabia y dolor consecuencia de la impunidad de la que gozan sus atacantes.
Madres y padres que se desvelan por el cuidado de sus hijos desnutridos, que lloran sus muertes y abandonan sus destinos a la Divina Providencia.
Niños y niñas explotados, y a veces esclavizados, que sueñan con poder ir a la escuela, dejar atrás un pasado de trabajo, y prepararse para un futuro mejor.
Familias desalojadas de sus tierras, sin raíces y sin medios para ganarse la vida.
Comunidades enteras que huyen de los conflictos armados, recorriendo cientos de kilómetros hasta llegar a los campos de refugiados donde se hacinan miles de desplazados.

Millones de seres humanos desamparados con una historia que contar de los que apenas sabemos nada, sólo que también necesitan consuelo y compartir sus escasas alegrías.

Contar sus historias robadas, romper el silencio y sacarles del olvido es quizá la mejor forma de consolarles y de hacerles sentirse conectados con el mundo que les rodea, que de alguna manera ha contribuido a su historia y tiene una responsabilidad ineludible en cambiar sus destinos. Porque si un pueblo no puede contar su historia estará condenado al olvido y a la extinción.


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domingo, 18 de diciembre de 2011

Falsa ilusión de bienestar

"Niños trabajando en una fábrica de alfombras en la ciudad de Quetta, Baluchistán. Actualmente, UNICEF calcula que 150 millones de niños entre cinco y 14 años de edad están realizando trabajo de algún tipo. Aunque el trabajo infantil está disminuyendo a nivel mundial, la crisis económica ha llevado a muchos niños a trabajar mucho antes y en roles más peligrosos."

© UNICEF/NYHQ2006-0352/Giacomo Pirozzi


(EN)


La transformación de una materia prima en un producto elaborado requiere de recursos naturales, económicos, tecnológicos y humanos.
Los recursos naturales, económicos y tecnológicos son propiedad privada en manos de los empresarios, mientras que los recursos humanos sólo son propietarios de la fuerza del trabajo que les reporta un salario y genera plusvalía al capitalista.


El libre mercado y la competencia hacen que los empresarios busquen la manera de producir sus manufacturas, con los medios de producción que poseen y con la fuerza de trabajo que alquilan, al menor coste posible. Para lo cual deslocalizan su producción a países con leyes laborales, medio-ambientales, mercantiles o fiscales menos estrictas que en Europa y EEUU. 


Como corolario de todo esto, la transformación de materias primas en un producto final no solo satisface las necesidades de los consumidores, sino que transforma también los sentimientos y las vidas de todos los que intervienen en la cadena de producción.


En la sociedad consumista en que vivimos, el marketing ha conseguido crearnos necesidades ficticias y asociar la felicidad al consumo. Entonces, ¿cómo se transforma una materia prima en felicidad? ¿Cuál es el precio en sentimientos que debemos pagar por nuestra "felicidad" consumista en el mal llamado primer mundo?


La soledad de un menor traficado, lejos de su familia, que cultiva algodón en Benin. El miedo a ser apaleado por el terrateniente si no cumple con su extenuante trabajo. La frustración por no poder asistir a la escuela. La desesperanza de un ser humano convertido en bestia. El dolor de unos músculos infantiles fatigados por el arduo trabajo.


El cansancio de un operario turco que trabaja doce horas diarias con un compresor que dispara un chorro de arena y agua sobre el denim procedente de India, Pakistán o Bangladesh, teñido por menores expuestos a productos químicos altamente contaminantes. Sílice en los pulmones y plomo en la piel. 


El minero deshumanizado, convertido él mismo en piedra, que extrae la casiterita en las minas al este de la RD del Congo. Agotado, embrutecido por un sistema en el que impera la ley del más fuerte, su vida no vale nada para las milicias que controlan el territorio. Forzado a trabajar a cambio de nada, esclavizado, abatido. Lejos de su hogar, huyendo de algún conflicto olvidado, muere él y su familia cada día de hambre, miseria y cansancio.


Para disfrutar de un vaquero desgastado o del último modelo de teléfono móvil inteligente hay que pagar un precio muy alto en sufrimiento, pues la codicia empresarial no conoce límites, y se ha apropiado de lo único que hasta ahora no le pertenecía, se ha apoderado de la vida y de la fuerza del trabajo de millones de personas que viven en la miseria más absoluta, faltos de oportunidades, y que apenas subsisten con el producto de su esfuerzo.


¿Cuánto tardará el capital en adueñarse también de nuestras vidas a base de recortar derechos fundamentales?


Descubrir que la felicidad no está en lo que posees sino en lo que das a los demás es la clave para restituir la felicidad robada a los millones de personas que, con su sufrimiento, transforman nuestras vidas en una falsa ilusión de bienestar. ¿No es acaso justo resarcirles por tanta miseria a la que les hemos condenado entre todos por nuestro triste afán de poseer cosas materiales?


Un consumo responsable permitirá romper la cadena de la pobreza y contribuirá a un mundo socialmente más justo e igualitario.




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lunes, 31 de octubre de 2011

Infancia postergada


Dibujos realizados por niños y niñas reclutados en Sierra Leona

No pueden borrar el pasado, y su recuerdo les atormenta día y noche, como una pesadilla sin fin de la que es imposible despertar.
Están encerrados en un presente sin posibilidad de mirar al futuro, porque sus recuerdos del pasado son el lastre que les impide seguir adelante.
Recuerdos terribles de muertes, violaciones y mutilaciones. De una vida deshumanizada, llena de odio y de miedo.
El recuerdo vago de un tiempo feliz causa incluso más daño todavía, porque les fue violentamente arrebatado.

Una infancia de juegos, amistades, familia y vecindad que se rompió el día que llegaron los militares. Asesinaron a hombres y mujeres, también a los niños y niñas más pequeños. De repente, sólo las llamas. A los más jóvenes se los llevaron con ellos, o bien huyeron y se alistaron en algún grupo armado buscando seguridad y refugio. Niños y niñas que han visto como sus padres y hermanos eran asesinados, y sus hogares pasto de las llamas.

Niños forzados a matar a un amigo a cambio de sus propias vidas para demostrar fidelidad y valor. Niñas utilizadas como esclavas sexuales, violadas una y otra vez, embarazadas y obligadas a abortar. Menores golpeados, torturados, violados, embrutecidos, asustados... y así una larga lista de abusos.

Miedo, odio y desarraigo son las claves para convertir a un menor en soldado. Se calcula que hay más de 300.000 en todo el mundo.

Los programas de desarme, desmovilización y reintegración les convierten nuevamente en civiles cuando consiguen abandonar el ejército, ya sea regular o irregular. Pero no es fácil regresar a la vida civil cuando han pasado tanto tiempo como soldados en conflictos armados. Huérfanos, sin hogar, sin raíces, con la vergüenza por las atrocidades cometidas y el miedo a no ser aceptados nuevamente por sus comunidades. Esto, junto con los fuertes lazos creados con la vida militar, hace muy difícil su reinserción, pero no imposible. Muchos de estos menores vuelven a estudiar y a aprender un oficio. Con suerte, serán perdonados y aceptados por sus comunidades. Otros volverán a enrolarse, incapaces de olvidar su pasado y de encontrar su futuro.

Cualquier proceso de paz requiere mirar al futuro, recordar a las víctimas inocentes, perdonar y arrepentirse.

A medida que envejecemos sólo nos quedan nuestros recuerdos. Si robar una vida es la muerte, robar los recuerdos es como morir en vida. Resulta descorazonador pensar que los menores soldados han muerto en vida dos veces. La primera cuando les arrebataron a sus familias, la segunda cuando les obligaron a matar o morir en alguna guerra olvidada. Ambos recuerdos son tan desgarradores que prefieren no pensar demasiado en ellos. Recuerdos robados, infancia postergada. 

©UNICEF/Olivier Asselin
"Recuerdo el día en que decidí unirme a los mayi-mayi. Fue después de un ataque a mi aldea, mis padres, y también mi abuelo murieron y yo estaba corriendo. Estaba tan asustado. Los perdí a todos; no tenía a donde ir y nada que comer. En los mayi-mayi pensé que estaría protegido, pero fue duro. Veía morir a otros delante de mí. Muy a menudo pasaba hambre, y estaba asustado. A veces me azotaban, algunas veces muy fuerte. Solían decir que me convertiría en un mejor guerrero. Un día, golpearon a mi amigo [de 11 años] hasta la muerte porque no había matado al enemigo. Además, otra cosa que no me gustaba era escuchar a las niñas, nuestros amigas, llorando porque los soldados las violaban". 

Jacques, de la República Democrática del Congo, fue reclutado por un grupo insurgente (mayi-mayi) cuando tenía 10 años de edad.



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domingo, 29 de mayo de 2011

El viento y la luz

Una niña hace su tarea en Kandahar, Afganistán
© Sayed Sarwar Amani / IRIN


(EN)

Igual que el viento rodea una montaña, y en cada embate la erosiona durante millones de años hasta hacerla desaparecer, así ocurre con el progreso-científico tecnológico frente a la barrera de las costumbres.

El progreso avanza imparable, mientras que las costumbres se mantienen inamovibles, enraizadas en la sociedad, ajenas, e incluso contrarias, a muchos de los logros conseguidos en las últimas décadas.

Los avances tecnológicos han cambiado y seguirán cambiando nuestro mundo, pero por si solos no serán capaces de solucionar las amenazas y los problemas a los que nos enfrentamos.

Compreder a los demás, gestionar cambios y conflictos, motivar, respetar, reforzar, confiar y acompañar son las vías para el verdadero progreso social. El que permitirá construir un mundo más igualitario respetando las costumbres y tradiciones de los diferentes pueblos.

El progreso de una sociedad ya hemos comprobado en los últimos años que no se impone ni por la fuerza militar, ni por la fuerza de las leyes. Si realmente queremos erosionar la montaña de las costumbres es necesario un viento más fuerte, que sea capaz de modificar su forma en pocas generaciones, pero sin hacerla desaparecer. Y este es el viento del progreso social, que depende de todos y cada uno de nosotros, pues somos la única respuesta a la desigualdad que existe en este mundo y que es fuente interminable de conflictos.

No se trata de borrar las tradiciones y costumbres de los diversos pueblos para que adopten las del mundo Occidental. Esto sería un grave error generador de mayores tensiones. Sino más bien, aceptar la diversidad y luchar por erradicar aquellas costumbres que contribuyen a mantener un statu quo privilegiado de unos en detrimento de otros sectores de la sociedad. Aquellas costumbres que atentan contra la dignidad del ser humano y de los animales que habitan este planeta.

El progreso científico necesita de recursos económicos y humanos para poder desarrollarse, mientras que el progreso social se alimenta del valor de las personas. Hombres y mujeres valientes que se enfrentan a las tradiciones, a los prejuicios, a la ignorancia, a los tópicos, a la incultura, a las supersticiones, a sus propios miedos, a la desesperanza, a la injusticia o al abuso de poder, con la convicción del que sabe que jamás seremos verdaderamente libres, ni tendremos una vida digna, mientras exista un sólo ser humano que no tenga las mismas oportunidades que el resto. Y todo ello con el arma más poderosa y temida de toda la historia de la humanidad: el pensamiento.




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viernes, 29 de abril de 2011

Las leyes de la empatía

(EN)

El ocho de enero de 2011, la congresista demócrata por Arizona Gabrielle Giffords fue tiroteada en un acto público en Tucson. En ese atentado, fallecía de un disparo Christina Green, una niña de nueve años cuya muerte estremeció a la sociedad de EEUU.

Días después, en un homenaje a las víctimas, el presidente Obama leyó un discurso conmovedor del que extraigo algunos párrafos en recuerdo de las víctimas.

“Reconocemos nuestra propia mortalidad y recordamos que en el corto transcurso de nuestra vida, lo que importa no es la riqueza, el estatus, el poder ni la fama, sino más bien cuánto hemos amado - -- y el granito de arena que pusimos para mejorar la vida de otros.

Y ese proceso -- ese proceso de reflexión, para asegurarnos de que nuestros actos vayan a la par de nuestros valores... creo que eso es lo que requiere una tragedia como esta.

Porque quienes resultaron heridos y quienes murieron son parte de nuestra familia, la gran familia de 300 millones de estadounidenses.

Tal vez no los conocíamos personalmente, pero con toda certeza nos vemos reflejados en ellos: en George y Dot, en Dorwan y Mavy, sentimos el amor absoluto que tenemos por nuestro esposo, esposa o nuestra pareja de toda la vida. Phyllis es... es nuestra madre o abuela; Gabe es nuestro hermano o hijo. En el juez Roll reconocemos no solo al hombre que valoraba a su familia y hacía bien su trabajo, sino al hombre que encarnaba la lealtad estadounidense por la ley.

Y en Gabby - en Gabby - vemos el reflejo de nuestro espíritu cívico, ese deseo de participar en el proceso muchas veces frustrante, muchas veces contencioso pero siempre necesario e interminable para forjar un país mejor.

Y en Christina...en Christina vemos a todos nuestros hijos, tan llenos de curiosidad, confianza, energía y encanto, tan merecedores de nuestro amor.
Y tan merecedores de nuestro buen ejemplo.”

La empatía se define como la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir, o en otras palabras, la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

Si tuviese que describir las leyes que determinan el grado de empatía, diría que son dos fundamentalmente:

  1. El grado de empatía de un individuo hacia otro es inversamente proporcional a la distancia geográfica que les separa. Cuanto más lejos el uno del otro, menos capacidad de empatía.
  2. El grado de empatía de un individuo hacia otro es directamente proporcional a la existencia de un contexto común. Cuantas más experiencias compartidas existen entre ambos, más capacidad de empatía.
En este vídeo de MSF de abril de 2011, se recoge el testimonio de una víctima de la violencia en Cote d’Ivoire que cuenta como los soldados entraron disparando en su casa, y como asesinaron a una niña de 5 años de varios disparos en la nuca.



De esta niña no sabemos su nombre ni tenemos su foto, pero sin conocerla, también veo en ella a todos nuestros hijos e hijas. No puedo imaginar cómo sería su vida, pero estoy convencido de que tenía unos padres y hermanos que la querían y que disfrutaban de sus risas y sus juegos, y que la consolaban cuando lloraba. Su ausencia es un negro abismo en sus corazones y en el mío.

Todas las víctimas de la violencia en Cote d’Ivoire son parte de nuestra familia. Da igual si compartimos con ellos un contexto común o no, o si son nuestros vecinos o viven a miles de kilómetros.

La niña asesinada vilmente en Cote de I’voire no ha tenido ningún homenaje póstumo, ningún presidente de ninguna nación la ha recordado en su discurso.

No las olvidemos. Ni a ella, ni a Christina, ni a los miles de niños y niñas que mueren en algún conflicto, porque olvidar a las víctimas inocentes es como morir poco a poco con ellas.

Que de verdad nuestros actos vayan a la par de nuestros valores.


TOMA PARTIDO:

Haz click en este enlace y envía el post a la Misión Permanente de Francia ante las Naciones Unidas (france@franceonu.org). Tenemos la responsabilidad de proteger al pueblo de Cote d’Ivoire.


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martes, 1 de marzo de 2011

Del odio a la venganza

(EN)

"A veces responden con expresiones vengativas: "Te odio, me las pagarás", dicen. Este tipo de amenazas distan bastante de los que muchos chicos y chicas pueden decir cuando creen percibir o perciben realmente que son víctimas de una injusticia. Por ejemplo, ocurre cuando un chico le dice a su padre o a su madre "te odio", a secas y sin mensaje de venganza. En este caso realmente está expresando su impotencia ante lo que él considera que es una injusticia"

Pequeños Tiranos - Alicia Banderas.


Los niños y los adolescentes suelen desarrollar un sentimiento de la justicia muy acusado. Su rebeldía natural, unida a ese sentimiento, les convierte en defensores a ultranza de lo que consideran justo. En ocasiones, sus acciones están motivadas por una mezcla de inexperiencia y sentimientos contradictorios que no saben muy bien cómo manejar.

¿Quién en su adolescencia no ha actuado de forma impulsiva aún a sabiendas de que sus actos podrían ser objeto de un castigo?


A finales de enero de 2011, según la información facilitada por el Israeli Prison Service (IPS) y las instalaciones de detención del ejército israelí:
  • 222 menores palestinos (entre 12 y 17 años) fueron detenidos por el ejército israelí.
  • 34 menores entre 12 y 15 años fueron detenidos y enjuiciados por tribunales militares israelíes.
  • Actualmente no hay niñas detenidas. Una niña de Hebrón de 15 años fue liberada el 27 de Enero.
  • El cargo más habitual es el lanzamiento de piedras.

Actualmente no hay ningún menor en detención administrativa, esto es, detenido sin cargos ni juicio. El 4 de Enero, después de casi 12 meses de detención administrativa en la prisión de Ofer, fue puesto en libertad un joven de 17 años al que detuvieron en un puesto de control del ejército israelí.



El 21 de enero, Mahmoud, un niño de 10 años fue detenido, golpeado, llevado a comisaría e interrogado por la policía israelí sin que estuviesen presentes sus padres, lo que no está permitido en el Derecho Civil israelí. Cuando su tío vino a buscarle, el policía dijo: "Llévatelo, pero la próxima vez lo llevaremos a Al Mascabiyya y tú ya sabes cómo son las cosas ahí". El centro de interrogatorios de Al Mascabiyya tiene fama de ser un lugar donde se tortura a los Palestinos. Mahmoud tiene 10 años.


Estos datos se extraen d
el "Detention Bulletin January 2011" que elabora mensualmente desde 2008 la ONG Defence for Children International (DCI). En los últimos 3 años, una media mensual de 300 menores entre 12 y 17 años han sido detenidos por el ejército y la policía israelí.

Denuncian haber sufrido golpes, vejaciones, amenazas, aislamiento prolongado en prisión, aislamiento sensorial, interrogatorios sin asistencia de abogados y sin la presencia de sus padres, coacciones para la firma de declaraciones en hebreo, aunque tiene derecho a recibir visitas de familiares cada dos semanas, se les deniegan los permisos y pasan meses sin recibir visitas, se les traslada a centros de detención en el interior de Israel, lo que contraviene el Artículo 76 de la IV Convención de Ginebra, y así, una larga lista de abusos.


El 24 de Noviembre de 2010, más de 60 prominentes profesionales israelíes firmaron una carta dirigida al Primer Ministro y otros altos cargos para elevar su preocupación por el violento tratamiento de los niños y niñas palestinos en territorio ocupado.


Desafortunadamente, la injusticia, la rabia, el miedo, la frustración, la ansiedad, la vergüenza, el abandono, el dolor, la soledad, la tristeza, la ira, el estrés... que experimentan los niños y niñas palestinos en el entorno de violencia cotidiana en el que crecen y se desarrollan como adultos, sin la canalización adecuada de dichos sentimientos, sólo puede convertirse en un "Te odio, me las pagarás".

Artículo 37.
Ningún niño será sometido a la tortura, a penas o a tratos crueles, inhumanos o degradantes, a la pena capital, a la prisión perpetua y a la detención o encarcelación ilegales o arbitrarias. Todo niño privado de libertad deberá ser tratado con humanidad, estará separado de los adultos, tendrá derecho a mantener contacto con su familia y a tener pronto acceso a la asistencia jurídica u otra asistencia adecuada.

Artículo 40.
Todo niño que sea considerado acusado o declarado culpable de haber infringido las leyes tiene derecho a que se respeten sus derechos fundamentales y, en particular, el derecho a beneficiarse de todas las garantías de un procedimiento equitativo, incluso de disponer de asistencia jurídica o de otra asistencia adecuada en la preparación y presentación de su defensa. Siempre que sea posible, se evitará recurrir a procedimientos judiciales y al internamiento en instituciones.

Convención sobre los Derechos del Niño
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¹Ratificada por Israel el 3 de Octubre de 1991.

Photo Credit: Awad Awad


sábado, 26 de febrero de 2011

El pecado de la pobreza

(EN)

Artículo 32. Es obligación del Estado proteger al niño contra el desempeño de cualquier trabajo nocivo para su salud, educación o desarrollo; fijar edades mínimas de admisión al empleo y reglamentar las condiciones del mismo.

Artículo 34. Es derecho del niño ser protegido de la explotación y abuso sexuales, incluyendo la prostitución y su utilización en prácticas pornográficas.

Artículo 35. Es obligación del Estado tomar todas las medidas necesarias para prevenir la venta, el tráfico y la trata de niños.

Convención sobre los Derechos del Niño


Según se extrae del último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) acerca del trabajo infantil:

“En la actualidad, cerca de 215 millones de niños trabajan en el mundo, muchos a tiempo completo. Ellos no van a la escuela y no tienen tiempo para jugar. Muchos no reciben alimentación ni cuidados apropiados. Se les niega la oportunidad de ser niños. Más de la mitad de estos niños están expuestos a las peores formas de trabajo infantil como trabajo en ambientes peligrosos, esclavitud, y otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas incluyendo el tráfico de drogas y prostitución, así como su participación involuntaria en los conflictos armados.
El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), guiado por los principios consagrados en el Convenio núm. 138 sobre la edad mínima y el Convenio núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil de la OIT, trabaja para alcanzar la abolición efectiva del trabajo infantil en 2016”

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) instituyó el primer Día mundial contra el trabajo infantil en 2002. Este día se celebra el 12 de junio.

Ese día, los medios de comunicación nos ofrecen múltiples y variados documentales que nos sobrecogen. Las imágenes que muestran hieren hasta lo más profundo.

El Artículo 3 del Convenio núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil, dice:

A los efectos del presente Convenio, la expresión "las peores formas de trabajo infantil" abarca:

a) todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y la trata de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados;

b) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas;

c) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, tal como se definen en los tratados internacionales pertinentes, y

d) el trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

¿Acaso no duele más pensar que las peores formas de trabajo infantil expresadas en dicho convenio que ratifican 173 países en el mundo lo sufren 115 millones de niños todos los días de su vida, incluido el 12 de Junio?

Las caras sucias por la tierra y el polvo, con el gesto adusto que imprime la responsabilidad de ser sustento familiar. Rostros de niñas maquilladas ejerciendo la prostitución, con mirada ausente, como si hace ya tiempo que no viviesen en este mundo cruel que lo permite. Manos pequeñas que soportan el pesado martillo que usan de herramienta, y que nos golpea nuestra mente en cada golpe que dan.

No es suficiente acordarse un día al año de ellos, porque probablemente, algo de lo que consumimos en los países ricos, es producto, sin duda, del trabajo y la explotación infantil.

El trabajo infantil priva a los niños y niñas de derechos fundamentales como la educación o la salud. Un mundo sin oportunidades, iguales para niños y niñas, como el que le estamos ofreciendo a nuestros hijos, es lo más parecido a una condena eterna a la pobreza extrema. Y la pobreza extrema es una de las causas principales del trabajo infantil.

Si el Infierno, la Gehena o el Jahanam es el fuego eterno al que están condenados los pecadores, no concibo qué pecado han podido cometer los millones de niños que trabajan en estas condiciones, privados del derecho a la educación, la salud, el juego… El pecado de la pobreza, que condena a los niños y niñas de por vida a una existencia sin derechos ni libertades. A una vida eterna de pobreza, trabajo y explotación laboral o sexual para ellos y sus descendientes.

Para romper este ciclo de pobreza y trabajo infantil se precisan políticas integradas de educación, protección social y empleo. Políticas que dependen de nuestros gobiernos, que son los responsables de aplicarlas a nuestros países, y de actuar como catalizadores para que se implanten en otros países a través de la cooperación al desarrollo.

Y sobre todo, en materia de educación, no sólo debemos analizar las tasas de escolarización, pues el abandono escolar también tiene un impacto creciente en el aumento de las cifras de trabajo infantil a medida que avanza la crisis económica mundial, sacando a muchos escolares de las aulas para contribuir al sustento familiar.

Un niño o niña escolarizada que termina al menos su educación primaria es un éxito de la sociedad, pues el futuro de la misma estará en sus manos.

No descansemos hasta conseguir 215 millones de éxitos.

Seamos críticos con nuestros gobiernos, que son los responsables de establecer las políticas integradas en materia de educación, protección social y empleo.

Seamos críticos con nuestras empresas, para que tomen las medidas oportunas en contra del empleo infantil.

Colaboremos con las ONGs que sobre el terreno ayudan a denunciar el trabajo infantil, a perseguirlo y a romper el ciclo de la pobreza.

Un niño que trabaja es el pecado de los países ricos.

Hay mucho por hacer. Actuar no es una opción, es un deber.



miércoles, 16 de febrero de 2011

Los adjetivos de la crisis






© Franco Pagetti/VII


(EN)

Los medios de comunicación abundan en adjetivos a la hora de hablar de una crisis. Crisis financiera, crisis alimentaria, crisis política internacional...


Todo ello aderezado con macro-cifras que nos abruman con sólo leerlas: 44 millones de personas en el mundo en situación de pobreza extrema por el encarecimiento de los precios de los alimentos desde Junio de 2010, lo que califican como crisis alimentaria mundial.


Estas crónicas asépticas vienen avaladas por sesudos informes del Banco Mundial, la FAO y diversas organizaciones, a propósito de los cuales se derivan otros densos artículos firmados por prestigiosos economistas que analizan milimétricamente los diferentes factores que influyen en el desarrollo de la crisis y predicen sus posibles consecuencias.

Hasta ahora, opinión y debate.


Si nos centramos en la definición de la palabra crisis, la primera acepción que aparece en el diccionario es:

"Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente.
"

Nuestro paciente es este mundo global que habitamos, en que las diferentes crisis se extienden por todos los países, quedando unos más expuestos que otros a sus perniciosos efectos. Como un virus que se ceba y mata a los más débiles.


Las crisis globales que estamos sufriendo en los últimos años no son situaciones sobrevenidas de las que nadie, o sea el enfermo, tiene responsabilidad; aunque si se contagian igual que una enfermedad infecciosa por lo largo y ancho del Planeta.

El único elemento que no podemos controlar en una crisis alimentaria, aunque sí a largo plazo contribuir a su mejora y estabilización, es el factor climático, que tiene una incidencia directa en las cosechas.


De resto, nos enfrentamos a gobiernos con nefastas políticas económicas con carácter electoralista y que benefician a los grupos de presión que financian sus campañas electorales. Gobiernos que aumentan la presión fiscal para rescatar países endeudados que ponen en peligro al resto de bancos nacionales. Gobiernos que acumulan reservas de alimentos con carácter puramente especulativo. Gobiernos corruptos capaces de mantener la hambruna en sus países para mantener los beneficios de las empresas productoras que controlan en los mercados locales. Organismos reguladores que durante años han aplicado la política de "laissez-faire" a bancos de inversión con las consecuencias que ya todos conocemos. Bancos rescatados con fondos públicos que reparten generosos dividendos a sus accionistas, e indecentes bonus a sus altos directivos. Tratados de libre comercio que sólo asfixian a los países más pobres.

Se trata de un sistema pervertido que sólo aumenta la brecha existente en la redistribución de la riqueza.


Me anima saber que la definición de crisis contempla un cambio brusco
en el curso de una enfermedad para mejorarse el paciente.

Cualquier crisis la entiendo como una oportunidad de mejora, pero este cambio no va a llegar de la mano de los poderosos que controlan el sistema, ya que sus intereses están por encima de los del resto de la humanidad, sino de todos aquellos que tenemos recursos suficientes para alentar un cambio, aquellos a los que nos duele saber que 44 millones de personas están en situación de pobreza extrema.

No necesito contar 44 millones de personas para actuar, es una cifra demasiado grande para mí. Me basta con saber que un niño o niña muere en este mismo instante porque su nutrición es insuficiente.


Pincha este enlace y firma la petición para cambiar la historia de la desnutrición infantil.

Artículo 24.2.c) de la Convención sobre los Derechos del Niño¹:

Los Estados Partes adoptarán las medidas apropiadas para:


c) Combatir las enfermedades y la malnutrición en el marco de la atención primaria de la salud mediante, entre otras cosas, la aplicación de la tecnología disponible y el suministro de
alimentos nutritivos adecuados y agua potable salubre, teniendo en cuenta los peligros y riesgos de contaminación del medio ambiente;


¹Esta Convención ha sido ratificada por todos los miembros de la ONU a excepción de Somalia y USA.