Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de mayo de 2014

El corazón no descansa


Corazones desbocados, del presente temerosos.
En un Universo inmutable e indolente,
anhelos infantiles, esperanzas rotas:
vidas desamparadas.

Recuperar aquel instante de felicidad,
antes que la angustia vuelva.
El terror que se repite en redobles de muerte.
El corazón no descansa,
la vida sigue.


Pintura de un niño de Swat buscando acabar con la violencia
© Kamila Hyat / IRIN



.

jueves, 25 de abril de 2013

Bombas silenciosas


Matan dos veces: la primera, cuando explotan y acaban con la vida de civiles inocentes, mujeres y niños principalmente; y la segunda, cuando los que sobreviven a la explosión mueren en vida lentamente mientras lloran a los fallecidos y piden justicia. Una justicia tan ciega que apenas puede ver las atrocidades cometidas y el sufrimiento infligido.

Pero quizá, el efecto más destructivo de una bomba silenciosa es el que perdura en el tiempo. Esa ausencia de ruido que mata la esperanza de los que sobreviven, y que ahoga los gritos y las risas de los juegos infantiles. Una onda expansiva de silencio y destrucción. Un vacío en vida. Una espera interminable. Un porqué sin respuestas.

Y ese silencio se convierte en la impunidad de los atacantes, que violan sistemáticamente el derecho a la vida ante la desidia y complicidad de nuestros gobernantes.

No puedo evitar que sigan matando inocentes, pero al menos desearía que las bombas que han explotado y explotan casi a diario en Somalia, Yemen, Siria, Sudán, Sudán del Sur, Afganistán, Irak, Líbano, Cachemira, Palestina, Mali y Congo, por citar sólo algunos países en conflicto casi permanente, resuenen en nuestros hogares con la intensidad que lo hacen las bombas de los atentados cometidos en Europa o en Estados Unidos. Que el silencio de los niños y niñas retumbe insoportable en nuestros oídos. Que las lágrimas de los que lloran inunden nuestros sentidos y emociones hasta sumergirlas en la misma soledad y desesperanza de las víctimas. Y así, reaccionar en contra de esta apatía, como el ahogado que toma una bocanada de aire cuando asoma a la superficie, así volveremos a la vida, a renacer como seres humanos que comparten su existencia y luchan unidos por un mundo en paz.


.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Protegiendo a los inocentes


Ya no explotarán más bombas.
Ni un sólo disparo podrá desvelarte.
No más llantos ni gritos.
Nadie profanará nuestro hogar.

Duerme tranquila, cariño.
Duerme sin miedo.
Acurrucada en mi pecho, mis dedos entre sus rizos.
Duerme en paz, solo hay luna y estrellas en el cielo.

Suspira...
Y cada suspiro,
una bocanada de aire fresco
que anima a seguir en la lucha;
aires de revolución.
En medio de tanto horror y miseria,
LA ESPERANZA



"A medida que los ojos del mundo se centran en la creciente violencia en Siria, no debemos pasar por alto el hecho de que los niños, que no son responsables de esta tragedia, están pagando un precio muy alto. Los niños están perdiendo sus vidas, perdiendo sus hogares, perdiendo a sus padres y perdiendo su escolaridad."

Anthony Lake - Director Ejecutivo de UNICEF


"Los niños que huyen de la violencia en Siria se encuentran en riesgo de sufrir problemas psicológicos a largo plazo sin la atención adecuada"
"Ahora mismo, los espacios habilitados en Za'atari tienen capacidad para unos 2.500 niños. En sólo unos meses, se espera que alrededor de 35.000 niños estén en el campamento, por lo que es urgente proporcionar más lugares seguros y otro tipo de servicios para proteger a estos niños que ya han sido expuestos a mucho sufrimiento".

Dominique Hyde, representante de UNICEF en Jordania


Pero no sólo los  conflictos armados golpean a la infancia, también lo hacen las medidas de austeridad adoptadas por gobiernos europeos como el Español en respuesta a la crisis económica, tal y como se recoge en el informe de UNICEF "La infancia en España 2012-2013: El impacto de la crisis en los niños".

En España, 2,2 millones de niños viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza, un 10% más que en 2008.


Protejamos a los inocentes, porque ellos son nuestra única esperanza.


.

martes, 21 de febrero de 2012

Tres edades


Esperar la muerte abrazados, protegiéndose los unos a los otros, consolando a los más pequeños, que lloran aterrorizados por el estruendo de las bombas.
Quizá esa explosión, que se escuchó tan cerca, podría haberles matado, pero no hay espacio ni tiempo para la alegría o el lamento, sólo el miedo y la desesperanza.

Una madre que llora y se abraza a sus seres queridos, buscando consuelo a su dolor desgarrado, al ver que su hijo agoniza en la camilla de un improvisado hospital, sin apenas medios para curarle.

Unos padres que abrazan el cuerpo inerte de su hija violada, torturada y asesinada, que salió de casa con la esperanza de la libertad para quedar cautiva en los brazos de la muerte.

Unos hijos y una madre que se abrazan llorando la muerte del padre y marido por una bala perdida de un conflicto sin rumbo.

Sólo violencia, destrucción, odio, venganza y muerte: las señas inequívocas de una revolución convertida en guerra civil en la que las mujeres y los niñ@s se llevan la peor parte.

Y con el paso del tiempo, ¿qué habrá quedado después de tanto sufrimiento? De nuevo el abrazo. El abrazo de un pueblo que se reconcilia, que olvida el rencor y busca paz y justicia. 

Una historia de abrazos. Una historia de vida y de muerte que se repite generación tras generación, en un ciclo natural que los conflictos armados alteran, aumentando el sufrimiento y el dolor de aquellos que los viven.

Paz y justicia, aspiración ineluctable de los pueblos. Que nadie pervierta ese deseo; ni jueces ni gobiernos.


Las tres edades (1905) - Klimt (1862-1918) - Copyright 2010 Soprintendenza alla Galleria nazionale d'arte moderna e contemporanea.


domingo, 15 de enero de 2012

Historias robadas

Una familia fuera de su tienda de campaña en el campamento BadBado en Mogadiscio, Somalia
© Kate Holt / IRIN

Todos tenemos una historia que contar: nuestra propia historia.

La compartimos con nuestros amigos y con nuestros familiares. Cuando sufrimos, esperamos el consuelo de alguien cercano. Y los momentos felices, deseamos compartirlos con los que nos rodean. Una sucesión de momentos, felices y no tan felices, que componen nuestra vida.
Incluso la historia individual de cada uno de los millones de seres humanos que viven en la pobreza más absoluta es una sucesión de momentos compartidos, de consuelo, de penas y de alegrías, en definitiva la historia de una vida.

Y así también es la historia de los pueblos. Una historia que dura generaciones y que habla de épocas de prosperidad y de épocas de declive. De guerras y de paz. De justicia y de injusticia.  Con la única diferencia que la historia de los pueblos la escriben los gobernantes a través de los medios de comunicación, mientras que la historia personal la escribe cada individuo.

Nadie puede robarnos nuestra propia historia personal. Quizá, lo único que verdaderamente nos pertenece.

Sin embargo, hay pueblos cuya historia apenas aparece en los medios. 

Historias olvidadas de hambre, de miseria, de muerte, de violaciones, de esclavitud, de desalojos, o de explotación. Que sólo ocupan portadas cuando alcanzan niveles insospechados de crueldad.

¿Y qué es la historia de un pueblo sino la historia de sus gentes?

Mujeres y niñas que ocultan su rostro por la vergüenza de haber sido violadas. Su grito silencioso de rabia y dolor consecuencia de la impunidad de la que gozan sus atacantes.
Madres y padres que se desvelan por el cuidado de sus hijos desnutridos, que lloran sus muertes y abandonan sus destinos a la Divina Providencia.
Niños y niñas explotados, y a veces esclavizados, que sueñan con poder ir a la escuela, dejar atrás un pasado de trabajo, y prepararse para un futuro mejor.
Familias desalojadas de sus tierras, sin raíces y sin medios para ganarse la vida.
Comunidades enteras que huyen de los conflictos armados, recorriendo cientos de kilómetros hasta llegar a los campos de refugiados donde se hacinan miles de desplazados.

Millones de seres humanos desamparados con una historia que contar de los que apenas sabemos nada, sólo que también necesitan consuelo y compartir sus escasas alegrías.

Contar sus historias robadas, romper el silencio y sacarles del olvido es quizá la mejor forma de consolarles y de hacerles sentirse conectados con el mundo que les rodea, que de alguna manera ha contribuido a su historia y tiene una responsabilidad ineludible en cambiar sus destinos. Porque si un pueblo no puede contar su historia estará condenado al olvido y a la extinción.


.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Falsa ilusión de bienestar

"Niños trabajando en una fábrica de alfombras en la ciudad de Quetta, Baluchistán. Actualmente, UNICEF calcula que 150 millones de niños entre cinco y 14 años de edad están realizando trabajo de algún tipo. Aunque el trabajo infantil está disminuyendo a nivel mundial, la crisis económica ha llevado a muchos niños a trabajar mucho antes y en roles más peligrosos."

© UNICEF/NYHQ2006-0352/Giacomo Pirozzi


(EN)


La transformación de una materia prima en un producto elaborado requiere de recursos naturales, económicos, tecnológicos y humanos.
Los recursos naturales, económicos y tecnológicos son propiedad privada en manos de los empresarios, mientras que los recursos humanos sólo son propietarios de la fuerza del trabajo que les reporta un salario y genera plusvalía al capitalista.


El libre mercado y la competencia hacen que los empresarios busquen la manera de producir sus manufacturas, con los medios de producción que poseen y con la fuerza de trabajo que alquilan, al menor coste posible. Para lo cual deslocalizan su producción a países con leyes laborales, medio-ambientales, mercantiles o fiscales menos estrictas que en Europa y EEUU. 


Como corolario de todo esto, la transformación de materias primas en un producto final no solo satisface las necesidades de los consumidores, sino que transforma también los sentimientos y las vidas de todos los que intervienen en la cadena de producción.


En la sociedad consumista en que vivimos, el marketing ha conseguido crearnos necesidades ficticias y asociar la felicidad al consumo. Entonces, ¿cómo se transforma una materia prima en felicidad? ¿Cuál es el precio en sentimientos que debemos pagar por nuestra "felicidad" consumista en el mal llamado primer mundo?


La soledad de un menor traficado, lejos de su familia, que cultiva algodón en Benin. El miedo a ser apaleado por el terrateniente si no cumple con su extenuante trabajo. La frustración por no poder asistir a la escuela. La desesperanza de un ser humano convertido en bestia. El dolor de unos músculos infantiles fatigados por el arduo trabajo.


El cansancio de un operario turco que trabaja doce horas diarias con un compresor que dispara un chorro de arena y agua sobre el denim procedente de India, Pakistán o Bangladesh, teñido por menores expuestos a productos químicos altamente contaminantes. Sílice en los pulmones y plomo en la piel. 


El minero deshumanizado, convertido él mismo en piedra, que extrae la casiterita en las minas al este de la RD del Congo. Agotado, embrutecido por un sistema en el que impera la ley del más fuerte, su vida no vale nada para las milicias que controlan el territorio. Forzado a trabajar a cambio de nada, esclavizado, abatido. Lejos de su hogar, huyendo de algún conflicto olvidado, muere él y su familia cada día de hambre, miseria y cansancio.


Para disfrutar de un vaquero desgastado o del último modelo de teléfono móvil inteligente hay que pagar un precio muy alto en sufrimiento, pues la codicia empresarial no conoce límites, y se ha apropiado de lo único que hasta ahora no le pertenecía, se ha apoderado de la vida y de la fuerza del trabajo de millones de personas que viven en la miseria más absoluta, faltos de oportunidades, y que apenas subsisten con el producto de su esfuerzo.


¿Cuánto tardará el capital en adueñarse también de nuestras vidas a base de recortar derechos fundamentales?


Descubrir que la felicidad no está en lo que posees sino en lo que das a los demás es la clave para restituir la felicidad robada a los millones de personas que, con su sufrimiento, transforman nuestras vidas en una falsa ilusión de bienestar. ¿No es acaso justo resarcirles por tanta miseria a la que les hemos condenado entre todos por nuestro triste afán de poseer cosas materiales?


Un consumo responsable permitirá romper la cadena de la pobreza y contribuirá a un mundo socialmente más justo e igualitario.




.

lunes, 31 de octubre de 2011

Infancia postergada


Dibujos realizados por niños y niñas reclutados en Sierra Leona

No pueden borrar el pasado, y su recuerdo les atormenta día y noche, como una pesadilla sin fin de la que es imposible despertar.
Están encerrados en un presente sin posibilidad de mirar al futuro, porque sus recuerdos del pasado son el lastre que les impide seguir adelante.
Recuerdos terribles de muertes, violaciones y mutilaciones. De una vida deshumanizada, llena de odio y de miedo.
El recuerdo vago de un tiempo feliz causa incluso más daño todavía, porque les fue violentamente arrebatado.

Una infancia de juegos, amistades, familia y vecindad que se rompió el día que llegaron los militares. Asesinaron a hombres y mujeres, también a los niños y niñas más pequeños. De repente, sólo las llamas. A los más jóvenes se los llevaron con ellos, o bien huyeron y se alistaron en algún grupo armado buscando seguridad y refugio. Niños y niñas que han visto como sus padres y hermanos eran asesinados, y sus hogares pasto de las llamas.

Niños forzados a matar a un amigo a cambio de sus propias vidas para demostrar fidelidad y valor. Niñas utilizadas como esclavas sexuales, violadas una y otra vez, embarazadas y obligadas a abortar. Menores golpeados, torturados, violados, embrutecidos, asustados... y así una larga lista de abusos.

Miedo, odio y desarraigo son las claves para convertir a un menor en soldado. Se calcula que hay más de 300.000 en todo el mundo.

Los programas de desarme, desmovilización y reintegración les convierten nuevamente en civiles cuando consiguen abandonar el ejército, ya sea regular o irregular. Pero no es fácil regresar a la vida civil cuando han pasado tanto tiempo como soldados en conflictos armados. Huérfanos, sin hogar, sin raíces, con la vergüenza por las atrocidades cometidas y el miedo a no ser aceptados nuevamente por sus comunidades. Esto, junto con los fuertes lazos creados con la vida militar, hace muy difícil su reinserción, pero no imposible. Muchos de estos menores vuelven a estudiar y a aprender un oficio. Con suerte, serán perdonados y aceptados por sus comunidades. Otros volverán a enrolarse, incapaces de olvidar su pasado y de encontrar su futuro.

Cualquier proceso de paz requiere mirar al futuro, recordar a las víctimas inocentes, perdonar y arrepentirse.

A medida que envejecemos sólo nos quedan nuestros recuerdos. Si robar una vida es la muerte, robar los recuerdos es como morir en vida. Resulta descorazonador pensar que los menores soldados han muerto en vida dos veces. La primera cuando les arrebataron a sus familias, la segunda cuando les obligaron a matar o morir en alguna guerra olvidada. Ambos recuerdos son tan desgarradores que prefieren no pensar demasiado en ellos. Recuerdos robados, infancia postergada. 

©UNICEF/Olivier Asselin
"Recuerdo el día en que decidí unirme a los mayi-mayi. Fue después de un ataque a mi aldea, mis padres, y también mi abuelo murieron y yo estaba corriendo. Estaba tan asustado. Los perdí a todos; no tenía a donde ir y nada que comer. En los mayi-mayi pensé que estaría protegido, pero fue duro. Veía morir a otros delante de mí. Muy a menudo pasaba hambre, y estaba asustado. A veces me azotaban, algunas veces muy fuerte. Solían decir que me convertiría en un mejor guerrero. Un día, golpearon a mi amigo [de 11 años] hasta la muerte porque no había matado al enemigo. Además, otra cosa que no me gustaba era escuchar a las niñas, nuestros amigas, llorando porque los soldados las violaban". 

Jacques, de la República Democrática del Congo, fue reclutado por un grupo insurgente (mayi-mayi) cuando tenía 10 años de edad.



.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La próxima revolución

(EN)

"Los hombres hacen daño o por miedo o por odio."
El Príncipe.

Niccolò Machiavelli (1469 - 1527)

Cuando nos llegan noticias de la detención y tortura de menores palestinos por el ejército de Israel.

Cuando nos llegan noticias de la tortura y muerte de menores a m
anos de los servicios secretos y del ejército de Siria.
Cuando nos llegan noticias de menores violados y asesinados en la RD del Congo por milicias armadas.

Cuando nos llegan noticias de menores iraquíes asesinados por tropas americanas durante el asalto a una vivienda.

Cuando nos llegan noticias de bombardeos indiscriminados sobre población civil.


Un niño practica con sus prótesis en el centro ortopédico del CICR en Kabul, octubre de 2010
© Kate Holt / IRIN

¿Qué pensamos?

Intentamos buscar respuestas a unos hechos que nos estremecen. ¿Qué lleva a un ser humano a cometer semejantes atrocidades?
No hay respuesta racional, sólo la espiral del odio y el abismo del temor pueden explicar conductas humanas tan deleznables. Sentimientos irracionales que dominan las acciones de quienes los padecen.

Cuánto odio y cuánto miedo son necesarios para torturar y asesinar a un niño. Para atarle sus manos y disparar a su cabeza. Para violar a una niña en presencia de sus padres y hermanos.
Imposible de explicar. Imposible de entender para quién nunca lo ha sentido. Actos que no pueden quedar impunes.

Cuando un niño o una niña inocente se convierte en un enemigo, la pregunta no es por qué un soldado o un mercenario es capaz de torturarle y asesinarle sin piedad. La pregunta es: cómo influyen los prejuicios y la propaganda en alimentar y amplificar el odio de un pueblo a otro. Por qué los temores infundados y las amenazas inexistentes son un medio poderoso que tienen los gobiernos para convencer a la opinión pública de la ineludible misión de un pueblo. Cómo el desarraigo y el miedo de los niños reclutados contra su voluntad como niños soldado consiguen que se conviertan en monstruos.


La espiral de odio no tiene fin, y el miedo es un negro abismo de profundidades insondables. La lucha contra la violencia empieza en cada uno de nosotros, venciendo nuestros prejuicios, no dejándonos arrastrar por la propaganda, siendo críticos con nuestros gobiernos, y sobre todo, perdonando.

A lo largo de la historia hemos vivido numerosas revoluciones, quizá, la próxima revolución por llegar, también la más necesitada, es la revolución que nace en cada individuo para dotarle de una mayor conciencia social y emocional.



.

viernes, 29 de abril de 2011

Las leyes de la empatía

(EN)

El ocho de enero de 2011, la congresista demócrata por Arizona Gabrielle Giffords fue tiroteada en un acto público en Tucson. En ese atentado, fallecía de un disparo Christina Green, una niña de nueve años cuya muerte estremeció a la sociedad de EEUU.

Días después, en un homenaje a las víctimas, el presidente Obama leyó un discurso conmovedor del que extraigo algunos párrafos en recuerdo de las víctimas.

“Reconocemos nuestra propia mortalidad y recordamos que en el corto transcurso de nuestra vida, lo que importa no es la riqueza, el estatus, el poder ni la fama, sino más bien cuánto hemos amado - -- y el granito de arena que pusimos para mejorar la vida de otros.

Y ese proceso -- ese proceso de reflexión, para asegurarnos de que nuestros actos vayan a la par de nuestros valores... creo que eso es lo que requiere una tragedia como esta.

Porque quienes resultaron heridos y quienes murieron son parte de nuestra familia, la gran familia de 300 millones de estadounidenses.

Tal vez no los conocíamos personalmente, pero con toda certeza nos vemos reflejados en ellos: en George y Dot, en Dorwan y Mavy, sentimos el amor absoluto que tenemos por nuestro esposo, esposa o nuestra pareja de toda la vida. Phyllis es... es nuestra madre o abuela; Gabe es nuestro hermano o hijo. En el juez Roll reconocemos no solo al hombre que valoraba a su familia y hacía bien su trabajo, sino al hombre que encarnaba la lealtad estadounidense por la ley.

Y en Gabby - en Gabby - vemos el reflejo de nuestro espíritu cívico, ese deseo de participar en el proceso muchas veces frustrante, muchas veces contencioso pero siempre necesario e interminable para forjar un país mejor.

Y en Christina...en Christina vemos a todos nuestros hijos, tan llenos de curiosidad, confianza, energía y encanto, tan merecedores de nuestro amor.
Y tan merecedores de nuestro buen ejemplo.”

La empatía se define como la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir, o en otras palabras, la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

Si tuviese que describir las leyes que determinan el grado de empatía, diría que son dos fundamentalmente:

  1. El grado de empatía de un individuo hacia otro es inversamente proporcional a la distancia geográfica que les separa. Cuanto más lejos el uno del otro, menos capacidad de empatía.
  2. El grado de empatía de un individuo hacia otro es directamente proporcional a la existencia de un contexto común. Cuantas más experiencias compartidas existen entre ambos, más capacidad de empatía.
En este vídeo de MSF de abril de 2011, se recoge el testimonio de una víctima de la violencia en Cote d’Ivoire que cuenta como los soldados entraron disparando en su casa, y como asesinaron a una niña de 5 años de varios disparos en la nuca.



De esta niña no sabemos su nombre ni tenemos su foto, pero sin conocerla, también veo en ella a todos nuestros hijos e hijas. No puedo imaginar cómo sería su vida, pero estoy convencido de que tenía unos padres y hermanos que la querían y que disfrutaban de sus risas y sus juegos, y que la consolaban cuando lloraba. Su ausencia es un negro abismo en sus corazones y en el mío.

Todas las víctimas de la violencia en Cote d’Ivoire son parte de nuestra familia. Da igual si compartimos con ellos un contexto común o no, o si son nuestros vecinos o viven a miles de kilómetros.

La niña asesinada vilmente en Cote de I’voire no ha tenido ningún homenaje póstumo, ningún presidente de ninguna nación la ha recordado en su discurso.

No las olvidemos. Ni a ella, ni a Christina, ni a los miles de niños y niñas que mueren en algún conflicto, porque olvidar a las víctimas inocentes es como morir poco a poco con ellas.

Que de verdad nuestros actos vayan a la par de nuestros valores.


TOMA PARTIDO:

Haz click en este enlace y envía el post a la Misión Permanente de Francia ante las Naciones Unidas (france@franceonu.org). Tenemos la responsabilidad de proteger al pueblo de Cote d’Ivoire.


.

lunes, 25 de abril de 2011

¿Puedes oír su llanto?

(EN)

El llanto en los niños es una respuesta al dolor, al temor, a la tristeza, a la frustración, a la confusión, a la ira, a la incapacidad para expresar sus sentimientos de una manera adecuada. En los bebés se convierte en una forma poderosa y eficaz de conseguir la atención de sus padres. El llanto de nuestros hijos nos despierta en la noche y acudimos rápidamente a consolarles, a calmar su dolor o su miedo. El miedo a monstruos imaginarios que les despiertan en medio de la oscuridad, con el corazón acelerado, buscando desesperadamente unas palabras tranquilizadoras al oído, un abrazo que les dé seguridad y les devuelva el sueño perdido.

En el mundo global en que vivimos, vemos a menudo que una determinada acción en algún lugar remoto del planeta tiene su reacción a miles de kilómetros, como si la Ley de Acción y Reacción gobernase nuestros destinos, y se acelerase el efecto de las fuerzas opuestas que se propagan por el espacio de los medios de comunicación. Esa es la explicación que recibimos cuando un pastor protestante de Gainesville (FL) quema un ejemplar del Corán y provoca la muerte de 12 personas en Afganistán durante las protestas contra este acto. Así también nos explican como unas operaciones crediticias de alto riesgo en el mercado hipotecario en EEUU provocan una crisis económica a escala mundial. La misma explicación sobre como unos devastadores incendios en Rusia han provocado una escalada de los precios de los alimentos básicos que condenarán a la hambruna a millones de personas en otros continentes. De la misma manera, ante catástrofes naturales en cualquier punto del planeta, casi de forma inmediata se organiza la ayuda humanitaria internacional.

Efectos que perduran y efectos que caducan. Reacción inmediata y reacción retardada. Leyes físicas que no explican por qué el ser humano no se adentra en la oscuridad que representa la crisis de valores de este mundo global y se entrega sin más rodeos a consolar a los millones de niños que sufren en silencio, que se enfrentan a diario a monstruos reales como el hambre, los abusos, las violaciones, la falta de oportunidades, la soledad, la explotación laboral, la violencia de las calles, el VIH, la explotación sexual o el desarraigo.

¿No son acaso nuestros hijos? ¿La globalidad y sus consecuencias sólo les afectan en lo negativo? ¿Puedes oír el llanto de las niñas violadas en Haití o en Congo o en Darfur? ¿Puedes oír el llanto de las niñas vendidas y prostituidas? ¿Puedes oír el llanto de los niños soldado? ¿Puedes oír el llanto de los huérfanos del VIH? ¿Puedes oír el llanto de los niños de la calle? ¿Puedes oír el llanto de los niños que trabajan en condiciones de esclavitud? ¿Puedes oír el llanto de los niños y niñas que no pueden ir a la escuela? ¿Puedes oír el llanto de millones de niños y niñas que hoy se irán a dormir con su estómago vacío?

¿No son acaso nuestros hijos?

Ojalá despertemos en esta noche oscura que vivimos para dar consuelo a los millones de niños y niñas que lloran, para aliviar su sufrimiento y devolverles sus sueños perdidos.




martes, 1 de marzo de 2011

Del odio a la venganza

(EN)

"A veces responden con expresiones vengativas: "Te odio, me las pagarás", dicen. Este tipo de amenazas distan bastante de los que muchos chicos y chicas pueden decir cuando creen percibir o perciben realmente que son víctimas de una injusticia. Por ejemplo, ocurre cuando un chico le dice a su padre o a su madre "te odio", a secas y sin mensaje de venganza. En este caso realmente está expresando su impotencia ante lo que él considera que es una injusticia"

Pequeños Tiranos - Alicia Banderas.


Los niños y los adolescentes suelen desarrollar un sentimiento de la justicia muy acusado. Su rebeldía natural, unida a ese sentimiento, les convierte en defensores a ultranza de lo que consideran justo. En ocasiones, sus acciones están motivadas por una mezcla de inexperiencia y sentimientos contradictorios que no saben muy bien cómo manejar.

¿Quién en su adolescencia no ha actuado de forma impulsiva aún a sabiendas de que sus actos podrían ser objeto de un castigo?


A finales de enero de 2011, según la información facilitada por el Israeli Prison Service (IPS) y las instalaciones de detención del ejército israelí:
  • 222 menores palestinos (entre 12 y 17 años) fueron detenidos por el ejército israelí.
  • 34 menores entre 12 y 15 años fueron detenidos y enjuiciados por tribunales militares israelíes.
  • Actualmente no hay niñas detenidas. Una niña de Hebrón de 15 años fue liberada el 27 de Enero.
  • El cargo más habitual es el lanzamiento de piedras.

Actualmente no hay ningún menor en detención administrativa, esto es, detenido sin cargos ni juicio. El 4 de Enero, después de casi 12 meses de detención administrativa en la prisión de Ofer, fue puesto en libertad un joven de 17 años al que detuvieron en un puesto de control del ejército israelí.



El 21 de enero, Mahmoud, un niño de 10 años fue detenido, golpeado, llevado a comisaría e interrogado por la policía israelí sin que estuviesen presentes sus padres, lo que no está permitido en el Derecho Civil israelí. Cuando su tío vino a buscarle, el policía dijo: "Llévatelo, pero la próxima vez lo llevaremos a Al Mascabiyya y tú ya sabes cómo son las cosas ahí". El centro de interrogatorios de Al Mascabiyya tiene fama de ser un lugar donde se tortura a los Palestinos. Mahmoud tiene 10 años.


Estos datos se extraen d
el "Detention Bulletin January 2011" que elabora mensualmente desde 2008 la ONG Defence for Children International (DCI). En los últimos 3 años, una media mensual de 300 menores entre 12 y 17 años han sido detenidos por el ejército y la policía israelí.

Denuncian haber sufrido golpes, vejaciones, amenazas, aislamiento prolongado en prisión, aislamiento sensorial, interrogatorios sin asistencia de abogados y sin la presencia de sus padres, coacciones para la firma de declaraciones en hebreo, aunque tiene derecho a recibir visitas de familiares cada dos semanas, se les deniegan los permisos y pasan meses sin recibir visitas, se les traslada a centros de detención en el interior de Israel, lo que contraviene el Artículo 76 de la IV Convención de Ginebra, y así, una larga lista de abusos.


El 24 de Noviembre de 2010, más de 60 prominentes profesionales israelíes firmaron una carta dirigida al Primer Ministro y otros altos cargos para elevar su preocupación por el violento tratamiento de los niños y niñas palestinos en territorio ocupado.


Desafortunadamente, la injusticia, la rabia, el miedo, la frustración, la ansiedad, la vergüenza, el abandono, el dolor, la soledad, la tristeza, la ira, el estrés... que experimentan los niños y niñas palestinos en el entorno de violencia cotidiana en el que crecen y se desarrollan como adultos, sin la canalización adecuada de dichos sentimientos, sólo puede convertirse en un "Te odio, me las pagarás".

Artículo 37.
Ningún niño será sometido a la tortura, a penas o a tratos crueles, inhumanos o degradantes, a la pena capital, a la prisión perpetua y a la detención o encarcelación ilegales o arbitrarias. Todo niño privado de libertad deberá ser tratado con humanidad, estará separado de los adultos, tendrá derecho a mantener contacto con su familia y a tener pronto acceso a la asistencia jurídica u otra asistencia adecuada.

Artículo 40.
Todo niño que sea considerado acusado o declarado culpable de haber infringido las leyes tiene derecho a que se respeten sus derechos fundamentales y, en particular, el derecho a beneficiarse de todas las garantías de un procedimiento equitativo, incluso de disponer de asistencia jurídica o de otra asistencia adecuada en la preparación y presentación de su defensa. Siempre que sea posible, se evitará recurrir a procedimientos judiciales y al internamiento en instituciones.

Convención sobre los Derechos del Niño
.¹

¹Ratificada por Israel el 3 de Octubre de 1991.

Photo Credit: Awad Awad


sábado, 26 de febrero de 2011

El pecado de la pobreza

(EN)

Artículo 32. Es obligación del Estado proteger al niño contra el desempeño de cualquier trabajo nocivo para su salud, educación o desarrollo; fijar edades mínimas de admisión al empleo y reglamentar las condiciones del mismo.

Artículo 34. Es derecho del niño ser protegido de la explotación y abuso sexuales, incluyendo la prostitución y su utilización en prácticas pornográficas.

Artículo 35. Es obligación del Estado tomar todas las medidas necesarias para prevenir la venta, el tráfico y la trata de niños.

Convención sobre los Derechos del Niño


Según se extrae del último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) acerca del trabajo infantil:

“En la actualidad, cerca de 215 millones de niños trabajan en el mundo, muchos a tiempo completo. Ellos no van a la escuela y no tienen tiempo para jugar. Muchos no reciben alimentación ni cuidados apropiados. Se les niega la oportunidad de ser niños. Más de la mitad de estos niños están expuestos a las peores formas de trabajo infantil como trabajo en ambientes peligrosos, esclavitud, y otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas incluyendo el tráfico de drogas y prostitución, así como su participación involuntaria en los conflictos armados.
El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), guiado por los principios consagrados en el Convenio núm. 138 sobre la edad mínima y el Convenio núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil de la OIT, trabaja para alcanzar la abolición efectiva del trabajo infantil en 2016”

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) instituyó el primer Día mundial contra el trabajo infantil en 2002. Este día se celebra el 12 de junio.

Ese día, los medios de comunicación nos ofrecen múltiples y variados documentales que nos sobrecogen. Las imágenes que muestran hieren hasta lo más profundo.

El Artículo 3 del Convenio núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil, dice:

A los efectos del presente Convenio, la expresión "las peores formas de trabajo infantil" abarca:

a) todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y la trata de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados;

b) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas;

c) la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, tal como se definen en los tratados internacionales pertinentes, y

d) el trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

¿Acaso no duele más pensar que las peores formas de trabajo infantil expresadas en dicho convenio que ratifican 173 países en el mundo lo sufren 115 millones de niños todos los días de su vida, incluido el 12 de Junio?

Las caras sucias por la tierra y el polvo, con el gesto adusto que imprime la responsabilidad de ser sustento familiar. Rostros de niñas maquilladas ejerciendo la prostitución, con mirada ausente, como si hace ya tiempo que no viviesen en este mundo cruel que lo permite. Manos pequeñas que soportan el pesado martillo que usan de herramienta, y que nos golpea nuestra mente en cada golpe que dan.

No es suficiente acordarse un día al año de ellos, porque probablemente, algo de lo que consumimos en los países ricos, es producto, sin duda, del trabajo y la explotación infantil.

El trabajo infantil priva a los niños y niñas de derechos fundamentales como la educación o la salud. Un mundo sin oportunidades, iguales para niños y niñas, como el que le estamos ofreciendo a nuestros hijos, es lo más parecido a una condena eterna a la pobreza extrema. Y la pobreza extrema es una de las causas principales del trabajo infantil.

Si el Infierno, la Gehena o el Jahanam es el fuego eterno al que están condenados los pecadores, no concibo qué pecado han podido cometer los millones de niños que trabajan en estas condiciones, privados del derecho a la educación, la salud, el juego… El pecado de la pobreza, que condena a los niños y niñas de por vida a una existencia sin derechos ni libertades. A una vida eterna de pobreza, trabajo y explotación laboral o sexual para ellos y sus descendientes.

Para romper este ciclo de pobreza y trabajo infantil se precisan políticas integradas de educación, protección social y empleo. Políticas que dependen de nuestros gobiernos, que son los responsables de aplicarlas a nuestros países, y de actuar como catalizadores para que se implanten en otros países a través de la cooperación al desarrollo.

Y sobre todo, en materia de educación, no sólo debemos analizar las tasas de escolarización, pues el abandono escolar también tiene un impacto creciente en el aumento de las cifras de trabajo infantil a medida que avanza la crisis económica mundial, sacando a muchos escolares de las aulas para contribuir al sustento familiar.

Un niño o niña escolarizada que termina al menos su educación primaria es un éxito de la sociedad, pues el futuro de la misma estará en sus manos.

No descansemos hasta conseguir 215 millones de éxitos.

Seamos críticos con nuestros gobiernos, que son los responsables de establecer las políticas integradas en materia de educación, protección social y empleo.

Seamos críticos con nuestras empresas, para que tomen las medidas oportunas en contra del empleo infantil.

Colaboremos con las ONGs que sobre el terreno ayudan a denunciar el trabajo infantil, a perseguirlo y a romper el ciclo de la pobreza.

Un niño que trabaja es el pecado de los países ricos.

Hay mucho por hacer. Actuar no es una opción, es un deber.



viernes, 18 de febrero de 2011

Mirar sin ver

(EN)

Los astrónomos escudriñan el cielo buscando respuestas. Pueden ver estrellas y planetas a millones de kilómetros y conocer el pasado del Universo con cada pulso de luz que reciben. Entendemos nuestro pasado mirando a las estrellas.

Gracias a Antoine de Saint-Exupéry he descubierto que hay millones de planetas muy cerca del planeta Tierra, tan cerca que vivimos al lado de ellos. Compartimos nuestra existencia día a día con sus habitantes. Mundos tan cercanos que no se conocen ni se entienden.
Observando esos planetas comprendemos nuestro presente y nos enfrentamos a nuestro futuro.

En mi pequeño mundo, sólo por haber nacido en él, tengo derechos fundamentales en conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos. Se reconoce la igualdad ante la ley sin que pueda ser discriminado por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Tengo derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, pueda ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Se garantiza libertad ideológica y religiosa, libertad personal, libertad de residencia y circulación, y libertad de expresión. Tengo derecho a la intimidad, derecho de reunión, asociación y participación, derecho a la educación, derecho a la huelga, derecho a la propiedad y derecho a trabajar.
A cambio, sólo unos pocos deberes: defender mi pequeño mundo, contribuir al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con mi capacidad económica, y el deber de trabajar.

Observando otros planetas cercanos he descubierto que muchos de ellos, casi todos, están de acuerdo con los derechos y deberes del mío, pero lo que me sorprende es que en todos, incluido el mío, se vulneran algunos de esos derechos y libertades.

Visites el mundo que visites, puedes encontrar mujeres discriminadas, vulnerados sus derechos y restringidas sus libertades.

En cuanto a la infancia, hay planetas en los que el trabajo en condiciones inhumanas es su deber, el que impone la extrema pobreza. Y la educación, algo a lo que aspiran. También hay algún mundo donde les obligan a llevar armas y a defender a su planeta no se sabe muy bien de qué amenaza.

Como ha ocurrido a muchos científicos a lo largo de la historia, lo que han descubierto lo tenían delante de sus propios ojos, pero no lo veían.

Los científicos suelen poner su nombre a los descubrimientos que hacen. En mi caso, prefiero llamarle "Ley Saint-Exupéry de los Planetas Paralelos o cómo mirar sin ver", en honor al autor que la inspiró.

“He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.
El Principito - Antoine de Saint-Exupéry

La inocencia de la infancia nos debería enseñar a los adultos a mirar y ver el Mundo. No permitamos que les roben su inocencia.

Fuencisla González, con la ayuda de los militares españoles desplegados en Afganistán, reparte entre mujeres, niños y niñas ejemplares de El Principito traducidos al dari.

El Principito contra el talibán - Noticia de El País del 19/11/2010

martes, 1 de febrero de 2011

Educación, género e igualdad de oportunidades

(EN)

Todo niño tiene derecho a la educación y es obligación del Estado asegurar por lo menos la educación primaria gratuita y obligatoria. La aplicación de la disciplina escolar deberá respetar la dignidad del niño en cuanto persona humana.

Convención sobre los Derechos del Niño.

Según UNICEF, la escuela no es sólo una herramienta fundamental para el desarrollo físico e intelectual de los niños, sino que los protege del trabajo infantil y otras formas de explotación, y les mantiene en un entorno seguro.

En 2010, según datos de la UNESCO, la cifra de menores sin escolarizar a nivel mundial está en torno a los 72 millones, y en países en desarrollo el 54% de la población infantil sin escolarizar es femenina.

La crisis económica y la desaceleración de la inversión en educación están mermando las posibilidades de recibir la educación apropiada a millones de niños y niñas en el mundo. Y aún más grave, aumenta la brecha en la discriminación de la mujer a la hora de acceder a la educación.

Un remedio a la pobreza que se extiende hoy en día por todos los países, y que especialmente se hace más fuerte en los países menos desarrollados, es el acceso universal a la educación sin discriminación por motivos de género.

Cuando en épocas de crisis se habla de hacer más con menos, no me cabe la menor duda que la mejor inversión es la que se hace en educación.

Los países más ricos no pueden, ni deben, condenar a la población infantil a un futuro sin oportunidades. Sea cual sea el motivo, una crisis humanitaria por desastres naturales, desplazamientos a campos de refugiados, gobiernos corruptos que no respetan ni los derechos ni las libertades fundamentales, la educación de los menores debe ser una obligación y una prioridad para toda la comunidad.

Los privilegiados que han recibido al menos una educación primaria obligatoria y gratuita como un derecho reconocido, sólo deberían estar satisfechos cuando la educación no sea un privilegio sino un derecho en todos los países. Mientras esto no sea así, no hay minuto que perder en esta lucha por la igualdad de oportunidades, ni motivo de satisfacción.


http://www.unicef.es/index.htm


.

domingo, 30 de enero de 2011

K16273

(EN)

Raghda al-Wafi nació en Jabalah el 11 de Septiembre de 2001. El bloqueo de la ONU y las sanciones impuestas hacían muy difícil conseguir los productos más básicos. Los padres de Raghda pensaron que la perdían cuando al cumplir su primer año enfermó y apenas había medicinas que darle. Aún así, Raghda era una niña fuerte y salió adelante con los atentos cuidados y desvelos de su madre. Mientras, su padre buscaba desesperadamente cualquier fuente de ingresos que le permitiese comprar medicamentos en el mercado negro, casi la única forma de abastecerse de cualquier producto de primera necesidad.


Raghda cumplió dos años en medio de los bombardeos. Cada noche temblaba de miedo, como el niño que llora con los truenos y relámpagos de una tormenta. Sólo que en esas tormentosas noches, la vida de Raghda y la de su familia estaba a merced de un misil guiado que podía hacer blanco en su casa, igual que lo había hecho semanas antes en la casa de su tío.

La madre de Raghda se afanaba cada noche en tragarse su propio miedo y sobreponerse al ruido de las bombas para intentar tranquilizar a su pequeña hija.

Raghda cumplió nueve años, y su padre creía que sólo un milagro había conseguido mantener a su familia con vida. Daba cada día gracias a Dios por ello.

La situación del país después de siete años de invasión era caótica, pero el padre de Raghda se había unido a las milicias Sahwa hace ya dos años para luchar contra los miembros de Al-Qaeda en Irak. Si finalmente se cumplía el acuerdo del Ministerio de Defensa de hacer efectiva la contratación de hasta 10.000 efectivos de las milicias Sahwa en el ejército y los servicios de seguridad del Gobierno iraquí, la suerte de la familia iba a cambiar definitivamente.

Raghda, aunque con sólo nueve años, y quizá influenciada por su padre, ya pensaba en un futuro como maestra, después de haber ido a la universidad, ayudando a los jóvenes de su país a vivir en paz y en libertad. Que ningún hombre o mujer de Irak tuviese que enfrentarse a una experiencia tan horrible como la que ella había vivido siendo una niña.

La historia de Raghda al-Wafi y su familia es ficción. La verdadera historia es el incidente K16273. El 13 de Diciembre de 2010 un miembro de las milicias Sahwa perdió a su mujer y a su hija en la explosión de una bomba en la carretera. Ya no le queda nada por lo que luchar.

http://www.iraqbodycount.org/database/incidents/k16273


.

lunes, 24 de enero de 2011

Proteger a la infancia entre los escombros

(EN)

El tráfico infantil es un tipo de violación de los Derechos Humanos que afecta a más de un millón de niños y niñas en todo el mundo.


Consiste en separar a los niños y niñas de sus familias y de su entorno, a veces llevándolos a otros países y continentes con el único fin de lucrarse las mafias que mueven este lucrativo negocio.

El propósito de este tráfico es la explotación sexual, las adopciones ilegales, el trabajo doméstico, la explotación laboral en condiciones de esclavitud, la realización de actividades ilegales o la mendicidad. Las consecuencias para la infancia son terribles tanto física como emocionalmente, a la vez que les priva de derechos básicos como la educación. Una vez en los países de destino, estos niños y niñas se convierten en inmigrantes ilegales, por lo que su condición de víctimas es doble: una, por privarles de sus derechos básicos y sufrir violencia y abusos, y dos, por quedar desprotegidos legalmente en los países a los que son trasladados.

Entre los motivos por los que se produce este tráfico de niños y niñas están:
  • La pobreza extrema
  • Carencia de oportunidades en la educación
  • Discriminación hacia las mujeres y las niñas
  • Prácticas y costumbres socialmente aceptadas en determinadas comunidades
  • Crisis humanitarias y desastres naturales
  • Demanda de mano de obra y de prostitución infantil

Si bien la pobreza es un factor importante, no es tampoco la principal causa. Habría que analizar también otros factores como la legislación de los diferentes estados en materia de tráfico infantil, lo que permite a los traficantes cometer el delito sin que haya penas apropiadas que lo castiguen, ni leyes que prevengan su comisión.


Semanas después del terremoto que asoló Haití nos alarmamos con noticias relacionadas precisamente con el tráfico de niños y niñas supuestamente huérfanos tras la catástrofe.

Sin duda, la miseria ajena siempre es un buen negocio para las mafias.

UNICEF se hacía eco de esta alarmante situación y en su web recogía la siguiente noticia: UNICEF trabaja para evitar el tráfico de niños en Haití

El 21/01/2010, Consuelo Crespo, Presidenta de UNICEF-España escribía el artículo Proteger a la infancia entre los escombros en el diario elpaís.com. En el último párrafo podemos leer toda una declaración de buenas intenciones, que muy a su pesar, con la perspectiva que da el tiempo, parece estar muy alejada de la realidad de Haití a día de hoy. También UNICEF hace un repaso de este último año en su informe Los niños y niñas de Haití. Un año después: el largo camino del socorro a la recuperación. Especialmente interesante el análisis del contexto: Frenos persistentes y nuevos retos para entender mejor un panorama tan desolador.

Sí, ha pasado una año, y principalmente las mujeres, los niños y las niñas en Haití siguen siendo muy vulnerables en una situación qué está aún más próxima a la crisis humanitaria que a la reconstrucción de un país.