jueves, 26 de junio de 2014

Los descendientes perdidos


Una eternidad ausente, lejos de la conciencia y de la existencia, sólo interrumpida por la soledad de la vida insistente.
 
Niños caminan a través de una tormenta de arena en la región de Tillaberi, Níger (feb 2012)
© Jaspreet Kindra / IRIN


En ocasiones, el sueño: esa muerte intermitente que nos libera de nuestra existencia.

No hay crueldad en la muerte. Cada hombre y cada mujer aspira a la eternidad. La crueldad está en la vida misma, que nos despierta de ese sueño eterno y nos revela sin compasión que no somos omnipotentes ni omniscientes. La crueldad descubierta en la ausencia de divinidad y en la lucha por la supervivencia.
La vida es una anomalía de lo eterno, un paréntesis absurdo en el que partículas ínfimas del Universo colisionan y se fagocitan unas a otras.

Asumo pues la crueldad de la vida sin esperanza alguna. La observo con compasión en el camino hacia lo eterno. 

Ante el absurdo de la vida no hay actitud más rebelde que la del ser compasivo. Venir al mundo no es un acto de compasión, sino de crueldad y abandono. Somos los descendientes perdidos de la crueldad, nuestra rebelión efímera es la de la compasión.

En ocasiones, la compasión: ese sueño de eternidad que nos libera de la existencia mientras estamos despiertos.


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lunes, 19 de mayo de 2014

El corazón no descansa


Corazones desbocados, del presente temerosos.
En un Universo inmutable e indolente,
anhelos infantiles, esperanzas rotas:
vidas desamparadas.

Recuperar aquel instante de felicidad,
antes que la angustia vuelva.
El terror que se repite en redobles de muerte.
El corazón no descansa,
la vida sigue.


Pintura de un niño de Swat buscando acabar con la violencia
© Kamila Hyat / IRIN



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lunes, 28 de abril de 2014

Carta a E.

(EN)


Hola E,

no encontraba tiempo ni palabras para responderte, y después de leerte en varias ocasiones y en diferentes momentos, no ha sido hasta hoy que he encontrado la palabra precisa: recomenzar.

 
  "Toda la alegría sileciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece"

    "El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso"


    El míto de Sísisfo - Albert Camus



Recomenzar. Yo también te imagino dichosa, como Sísifo, consciente plenamente de tu existencia, de tu libertad y de un destino que te pertenece. Recomenzar, una y otra vez: esa es la dimensión humana. Recomenzar para construirte de nuevo, en ese proyecto en continua construcción que somos los seres humanos. Recomenzar a pesar del absurdo, de los éxitos, de los fracasos, de los miedos, de las certidumbres... a pesar de la vida misma. Porque la vida es eso: recomenzar.

En tu búsqueda de lo Absoluto encontraste la verdad en tu interior, allí donde siempre estuvo, allí donde siempre estará.

Tú como Sísifo, en la hora de la conciencia, eres superior a tu destino, eres más fuerte que tu roca.


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viernes, 7 de marzo de 2014

Todavía no es primavera

(EN)


No quiero más primaveras.
Primaveras de revoluciones traicionadas.
Primaveras de sangre y fuego, lágrimas y muerte.
Primaveras de esperanzas aplastadas por la fuerza de las armas.
Primaveras patriarcales de elefantes sin memoria,
que en sus luchas de poder sacrifican a su pueblo.
¡Justicia, paz y dignidad!
No, no quiero más primaveras.

¿Dónde queda pues la revolución?
En el orbe de sus senos y sus ovarios.
En el cáliz de su útero.
No, no hay primavera sin su presencia.
Cuando el cáliz y el orbe se eleven por fin sobre la cruz, la estrella y la media luna,
llegará la verdadera primavera.
De su mano, un nuevo renacimiento,
que dará a luz la reconciliación, la justicia y la paz.

La primavera será mujer, o no será.


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domingo, 23 de febrero de 2014

El suicidio de la humanidad


El amor y el odio pueden ser fuente de los actos más abyectos, pero también de los más sublimes. En cualquier caso, ambos sentimientos, requieren un conocimiento mutuo.

Sin embargo, la indiferencia puede convertir lo abyecto en perverso. Indiferencia provocada bien por la manipulación, bien como mecanismo de defensa ante el sufrimiento propio o ajeno, o incluso por ambas causas simultáneamente.

Así, entre otros motivos como el miedo y el odio a lo desconocido, que conducen indefectiblemente a la indiferencia hacia "el otro", se encuentra explicación, que no justificación, al genocidio, las violaciones masivas, las atrocidades en los conflictos armados, las hambrunas, los campos de internamiento, los desalojos forzosos...

Para alcanzar semejante nivel de iniquidad es necesario que la deshumanización avance inexorable hasta ese punto despiadado de indiferencia y de desconexión: 
  • la indiferencia de los perpetradores frente al dolor o la muerte de sus víctimas. 
  • la no-diferencia con sus semejantes: todas ellas, víctimas, son iguales a los ojos de los perpetradores y no comparten ningún rasgo común con ellos. 
  • la indiferencia de los observadores: que contemplan la barbarie sin actuar.
Observadores, perpetradores y víctimas: cada uno en su espiral de deshumanización.

Todos y todas hemos gritado alguna vez implorando ayuda, y nada más doloroso que el silencio como respuesta. Todos los seres humanos hemos sentido la indiferencia y el silencio de este mundo absurdo a nuestras dudas existenciales. Víctimas, todos y todas, de la perversidad de la vida que sólo tiene una única respuesta que darnos: la certeza de la muerte. La verdad que nos hace iguales a todos los seres humanos. Víctimas pues de la indiferencia, y conocedores de la única verdad, no podemos negar la humanidad si no es con ánimo de contribuir a destruirla.

La indiferencia, la despreocupación, o la evasión del ser humano no son más que los síntomas de su progresiva deshumanización. Síntomas que conducen al suicidio de la humanidad.


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