lunes, 7 de marzo de 2011

La sabiduría del Destino

(EN)

Según se recoge en el Artículo 1 de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género aprobada por el pleno del Congreso de los Diputados en su sesión del día 22 de diciembre de 2004:

“La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.”

Las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, junto con la discriminación y la desigualdad, se identifican como una de los orígenes por los que se manifiesta la violencia de género.

La expresión de esta violencia de género a nivel individual es la que se ejerce sobre una mujer por parte de un hombre, pero esto no es más que un caso particular de una manifestación más genérica de la violencia que existe en nuestra sociedad y que tiene sus orígenes igualmente en las relaciones de poder, las desigualdades y la discriminación.

Las relaciones de poder gobiernan nuestra sociedad en todos los sentidos. De los gobernantes sobre su pueblo, de las empresas sobre sus empleados, de los poderes económicos sobre los gobernantes, y así, una maraña de relaciones donde los poderosos dictan sus leyes de acuerdo a sus intereses, que prevalecen sobre los de la mayoría que está sometida a su poder.

En estas relaciones, los que acumulan el poder, tienden a considerar al resto como meras posesiones sujetas a su voluntad, y esta es la fuente de cualquier abuso, pues esa consideración no hace más que aumentar la brecha de la desigualdad.

Citando a Amin Maalouf en su obra Leon l’Africain:

“- Los monarcas, afortunadamente, se exceden a veces; si no fuera por eso, no caerían nunca.

Y luego añadió, chispeándole los ojos:

- La locura de los príncipes es la sabiduría del Destino”

Efectivamente, no hay más que extrapolar ambas sentencias a cualquier ámbito de nuestra vida para comprobar que aquel que tiene el poder, sea cual sea la naturaleza del mismo, y haya sido otorgado de la manera que sea, tiende a corromperse y ese será, al fin, el motivo de su caída.

En nuestra sociedad, mayoritariamente gobernada por hombres, verificamos la existencia de las relaciones de poder de los gobernantes sobre su pueblo; gobernantes que consienten en mantener las desigualdades y la discriminación como una forma de defender sus propios intereses. Y a ese poder es al que se aferran los gobiernos corruptos, porque es la fuente de su riqueza.

Estas relaciones de poder han marcado la historia de la humanidad y han sido la causa de violentas guerras, a la vez que han contribuido a mantener las desigualdades y la discriminación entre los pueblos.

¿Están las relaciones de poder íntimamente ligadas a la forma de gobernar de los hombres?

¿Es más propio de la mujer las relaciones win-win en las que todos los participantes se benefician no necesariamente a costa de la derrota de otros?

Son preguntas difíciles de contestar por lo genérico de su enunciado, pero quizás, a la primera de ellas se puede responder de forma indirecta.

Las mujeres, en su rol de madres, tienen una capacidad única para preservar la vida.

Cuando hay conflictos armados y los hombres son reclutados o muertos, la mujer no abandona a su familia, incluso arriesga su propia vida por mantenerla a salvo.

En los casos más extremos de violencia sexual, las mujeres que han sido violadas o convertidas en esclavas sexuales, una vez liberadas, no renuncian al cuidado de sus hijos e hijas, incluso los que han sido engendrados tras la violación. Mujeres resilentes que en la mayoría de los casos son repudiadas por sus maridos y abandonadas a su suerte, ellas y sus hijos/as, sin medios económicos para subsistir.

En sociedades violentas, donde el narcotráfico corrompe todo a su alrededor, sólo algunas mujeres íntegras se atreven a luchar contra esa corrupción, aún a costa de perder su propia vida.

En democracias donde se mantienen cuotas de participación femenina en las cámaras de representantes, hay valientes mujeres que se presentan como candidatas a pesar de recibir amenazas de muerte.

Mujeres fuertes que pueden caminar kilómetros con un hijo enfermo en brazos en busca de asistencia sanitaria.

Mujeres analfabetas que asisten a clase diariamente aunque sus comunidades están en contra de la educación para las mujeres.

Mujeres y madres trabajadoras que acarrean el doble peso de la responsabilidad laboral y la responsabilidad familiar.

Mujeres que encabezan revoluciones pacíficas luchando por una sociedad más igualitaria.

Mujeres que defienden la vida por encima de todo y dicen no a la guerra.

Si los excesos de los hombres al construir una sociedad que discrimina a la mujer por razón de género, que se muestra desigual en oportunidades, y que no protege de forma efectiva a las mujeres con las que convive son los que determinarán su caída, estoy de acuerdo con Malouf que la sabiduría del Destino será la que ponga a la mujer en el lugar que le corresponde.

La historia la han escrito los hombres, que el futuro lo escriban las mujeres.

“La Internacional Socialista, reunida en Copenhague en 1910, proclamó el Día de la Mujer, de carácter internacional como homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. La propuesta de Clara Zetkin fue aprobada unánimemente por la conferencia de más de 100 mujeres procedentes de 17 países.”

100 años de lucha pacífica.



1 comentario:

Mónica dijo...

Gracias por sumarte a la lucha de la mujeres.
Besos
Mónica

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