viernes, 31 de agosto de 2012

Reductio ad absurdum

(EN)


Una niña siria llora por no poder cruzar la frontera turca. / ARIS MESSINIS (AFP)

El mundo actual es incomprensible.
Cualquier información está disponible casi de forma instantánea.
Una explosión informativa cuya onda expansiva aturde nuestros sentidos. Una luz cegadora que nos impide ver lo fundamental, y un pitido ensordecedor que anula nuestros pensamientos.
Medios de comunicación masivos que infunden temor, polarizan a la sociedad, y nos invitan a consumir de manera desenfrenada.
Cualquier intento de resistencia, pensamiento crítico o desobediencia civil es obviado o aniquilado bajo la atenta mirada de la ciega justicia.
Píldoras somníferas de información para adormecer a la sociedad.
Curiosidades informativas para desviar la atención.
Sesudos informes para manipular la opinión pública.
Románticos paisajes irreales en el mundo de la publicidad que incitan a consumir en pos de la felicidad individual.
Amenazas surrealistas de enemigos ficticios cuyo único propósito es satisfacer las ansias bélicas de la industria armamentística y la codicia corporativa.

En medio de esa luz cegadora, aturdido aún por explosión, consigo ver a alguien que sufre y necesita ayuda; un llanto apenas audible en medio de la confusión informativa.

¿Qué más hay que entender?


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domingo, 22 de julio de 2012

Competencia solidaria


Según un reciente estudio impulsado por unas 25 ENLs y organizado por la Asociación Española de Fundraising, de la población encuestada, aproximadamente 1 millón de personas, el 84% se interesa por el sufrimiento en el resto del mundo e intenta actuar. Un 67% sufre al ver injusticias y tragedias. Y un 86% se siente aliviado, menos culpable, orgulloso e incluso más motivado e inspirado para vivir cuando hace una donación o ayuda a los demás.

Igual que las marcas nos transmiten a través del marketing una idea, una filosofía, una forma de vida que nos identifica con aquello que consumimos, en el mercado de la solidaridad, muchas de las grandes ONGs y Agencias de la ONU se han transformado en marcas registradas cuyo producto es tan etéreo como la felicidad por ayudar a los más vulnerables y necesitados. Grandes multinacionales de la solidaridad y la cooperación internacional que se apoyan sobre el terreno en otras entidades para desarrollar sus proyectos. Un modelo equivalente al de las grandes marcas comerciales que centran su negocio en potenciar dicha marca, y deslocalizan su producción a países del sur con regulaciones laborales, medioambientales y fiscales más laxas que en el norte. Modelos similares, motivaciones y objetivos opuestos.

Paradójico pensar que los habitantes del norte, rico y poderoso, donde la abundancia es la norma y no la excepción, necesiten comprar la "felicidad de ayudar a los demás" a costa de aliviar el sufrimiento de millones de habitantes de un sur empobrecido.

En general, podría decirse que toda ayuda es insuficiente, y gracias a los proyectos de esas ONGs y Agencias de la ONU, millones de personas aún tienen algo de esperanza. Pero, ¿y si lo que falla es el modelo? ¿Qué capacidad tienen las grandes ENLs para competir en el mundo de las marcas comerciales por la captación de fondos frente a gigantes que destinan millones de $ en publicidad para vender "la felicidad del consumo"?

¿Por qué necesitamos comprar felicidad los ricos habitantes del norte? ¿No es acaso el mismo sistema capitalista el que genera un reparto de la riqueza cada vez más desigual? ¿Y no es ese reparto desigual de riqueza entre norte y sur, entre el norte y su periferia, la fuente de la infelicidad y el sufrimiento de miles de millones de seres humanos que habitamos este planeta?


En la lucha contra la pobreza, teniendo en cuenta la escasez de los recursos dedicados a ello y la competencia por conseguirlos, olvidamos a menudo que el esfuerzo voluntarista de miles y miles de personas comprometidas jamás podrá superar el verdadero obstáculo para erradicarla: la codicia.

Por ello, ¿no es la lucha contra la acumulación de riqueza la mejor manera de erradicar la pobreza? La crisis económica mundial que vivimos desde el año 2008 ha sido el catalizador de movimientos de indignación global en contra de las teorías neoliberales que ahondan en la desigualdad y la injusticia social y ambiental. ¿Serán estos movimientos de indignados y occupiers los detonantes de un cambio de modelo a escala planetaria? Un modelo menos individualista y competitivo en el que prime el bienestar general. Una nueva generación de ciudadanía solidaria y socialmente responsable que reclame a sus gobiernos mayor esfuerzo en transparencia, educación, sanidad y protección social. Espero que sí.

Somos el 99%.


© Jaspreet Kindra/IRIN

jueves, 21 de junio de 2012

Condenados a elegir


Una valla publicitaria promoviendo la paz en Kotido District en Uganda
© Khristopher Carlson/IRIN


Violencia física, violencia psicológica, violencia de género, maltrato infantil, violencia tribal, violencia sectaria, violencia financiera, violencia terrorista, violencia policial, violencia armada, tortura, violencia entre bandas, violencia en el deporte, abuso sexual, tráfico de personas, violencia contra el medio ambiente, contra la biodiversidad, esclavitud, pobreza, hambre...

¿Cuantas formas de violencia nos rodean en este mundo global en el que co-existimos 7.000 millones de seres humanos?
¿Es posible un mundo en paz?

Sin duda, la respuesta a esta última pregunta es no.

Entonces ¿qué esperanza nos queda? ¿Qué dejaremos a las futuras generaciones? ¿Un mundo abocado a la auto-destrucción?

Resignarnos a ese destino plantea una existencia condenada a la esclavitud en lugar de a la libertad. Pues si como decía J.P. Sartre, "el ser humano está condenado a la libertad", sólo la esperanza, y un cambio en la actitud individual puede corregir ese fatal destino. En la medida que estamos condenados a elegir, que sea la no violencia nuestra elección.

Pensemos que la paz no es un fin en sí mismo, sino una actitud frente a la vida. Una actitud de intolerancia a la violencia y al abuso, y de compasión por el que sufre.

La paz como objetivo y actitud vital. La esperanza como motor. A través de la interculturalidad hacia la no violencia.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Si tuviera un hijo, se parecería a Shafiq


  • Desde que estalló la revuelta en Siria en marzo de 2011, la ONU calcula que han muerto más de 10.000 personas.
  • Según la Procuraduría General de la República, en México hubo 12.903 asesinatos desde enero hasta el 30 de Septiembre de 2011.
  • En Guatemala hubo 6.187 asesinatos en 2011, según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses.
  • Se registraron 19.336 asesinatos en 2011 en Venezuela según el Observatorio Venezolano de Violencia.
  • En Brasil hay una media de 36.300 muertes violentas al año según se recoge en el Mapa de Violencia del Ministerio de Justicia
  • Más de 29.000 menores de 5 años murieron de hambre en Somalia tan sólo en tres meses según la ONU.

¿Es más cruenta la guerra contra el "narco" que la revolución Siria? ¿Es el hambre más letal que cualquier ejército despiadado? ¿Es la violencia en Brasil más mortífera que cualquier conflicto armado? ¿Qué cifra nos estremece más?

Inútil responder.

Las cifras nos aíslan de la verdadera magnitud de la tragedia: la magnitud humana, el dolor de las miles de familias y amigos que han perdido a un ser querido.

La muerte de Trayvon Martin, un adolescente afroamericano que murió de un disparo de un vigilante voluntario en Sanford, Florida, cuando salía de comprar pastillas de goma, conmovió a los EEUU. Por todo el país hubo manifestaciones pidiendo justicia y apoyando a la familia de Trayvon. Hasta el mismo presidente Obama declaró que si tuviese un hijo, se parecería a este chico.

La muerte de Shafiq, un adolescente sirio residente en la ciudad de Hula, que falleció de un disparo en la cabeza por un hombre con uniforme militar, no puede acabar siendo un asesinato más en la larga lista de muertes violentas que se producen a diario en nuestro mundo.

Porque en la medida que una víctima queda reducida a un simple número, no puede haber verdad, memoria, justicia y reparación. Por eso, al igual que con Trayvon, si yo tuviese un hijo, también se parecería a Shafiq.

Digámosle al mundo entero que Shafiq, o Trayvon, o cualquiera de los menores muertos de forma violenta no son un simple número que engrosa las estadísticas, son nuestros hijos e hijas, a los que recordamos cada día y para los que pedimos justicia. Ayúdanos a mantener viva la memoria de las víctimas.

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Descarga el póster de la campaña >>  UN millón de tweets para DETENER la violencia
o bien,

Photo by Mario Tama/Getty Images

domingo, 20 de mayo de 2012

Intolerancia y progreso social


El tráfico de armas, el tráfico de personas, el tráfico de órganos, el tráfico de drogas.
La esclavitud laboral, la esclavitud sexual, el trabajo infantil, el trabajo forzado.
Los conflictos armados, las torturas, las violaciones, las mutilaciones, los desplazamientos de personas, los campos de refugiados.
La malnutrición, las enfermedades prevenibles, la mortalidad materno-infantil.
La violencia de género, la discriminación, el apartheid, el abuso sexual, el maltrato infantil.
El paro, el abandono escolar, la falta de escolarización.
La crisis sistémica, el desmantelamiento del estado del bienestar.
La pobreza, la falta de oportunidades.

Nada de esto es una plaga fatal que la Providencia o el Destino nos envía.
Tan sólo codicia, fanatismo, corrupción, prejuicios, miedos, costumbres de una sociedad patriarcal e intolerante. Todas ellas, cualidades humanas que son fuente de las mayores desgracias de la humanidad.

Y si son cualidades humanas las que están detrás de tan graves injusticias sociales y ambientales, ¿no cabría esperar que las cualidades opuestas cambiasen el paso de este mundo?

Si la tolerancia es fuente de progreso, también puede ser fuente de injusticia, pues todos y todas, en nuestro entorno, presenciamos y sufrimos, con cierta tolerancia, la corrupción, la codicia, los prejuicios y muchos otras cualidades poco virtuosas propias de nosotros mismos y de aquellos que comparten nuestra existencia. Testigos mudos de las micro-plagas humanas que asolan globalmente nuestro mundo.

Así pues, ¿no deberíamos aplicar a nuestro entorno una intolerancia racional y crítica? Intolerancia hacia la codicia, los prejuicios, los miedos, las costumbres, el patriarcado y el fanatismo. Una intolerancia combativa, militante, pacífica, comprometida, solidaria.

La indignación nació en la Primavera Árabe, reclamando justicia, democracia y libertad. La intolerancia racional y pacífica supondrá un cambio en nuestra escala de valores, aplicada a cada paso en nuestra vida cotidiana, en pro de una sociedad mas justa e igualitaria.

Cristianos ortodoxos celebran la Pascua en un servicio nocturno en St Georges Church Bahir Dar, Etiopía © Guy Oliver / IRIN