viernes, 18 de febrero de 2011

Mirar sin ver

(EN)

Los astrónomos escudriñan el cielo buscando respuestas. Pueden ver estrellas y planetas a millones de kilómetros y conocer el pasado del Universo con cada pulso de luz que reciben. Entendemos nuestro pasado mirando a las estrellas.

Gracias a Antoine de Saint-Exupéry he descubierto que hay millones de planetas muy cerca del planeta Tierra, tan cerca que vivimos al lado de ellos. Compartimos nuestra existencia día a día con sus habitantes. Mundos tan cercanos que no se conocen ni se entienden.
Observando esos planetas comprendemos nuestro presente y nos enfrentamos a nuestro futuro.

En mi pequeño mundo, sólo por haber nacido en él, tengo derechos fundamentales en conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos. Se reconoce la igualdad ante la ley sin que pueda ser discriminado por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Tengo derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, pueda ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Se garantiza libertad ideológica y religiosa, libertad personal, libertad de residencia y circulación, y libertad de expresión. Tengo derecho a la intimidad, derecho de reunión, asociación y participación, derecho a la educación, derecho a la huelga, derecho a la propiedad y derecho a trabajar.
A cambio, sólo unos pocos deberes: defender mi pequeño mundo, contribuir al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con mi capacidad económica, y el deber de trabajar.

Observando otros planetas cercanos he descubierto que muchos de ellos, casi todos, están de acuerdo con los derechos y deberes del mío, pero lo que me sorprende es que en todos, incluido el mío, se vulneran algunos de esos derechos y libertades.

Visites el mundo que visites, puedes encontrar mujeres discriminadas, vulnerados sus derechos y restringidas sus libertades.

En cuanto a la infancia, hay planetas en los que el trabajo en condiciones inhumanas es su deber, el que impone la extrema pobreza. Y la educación, algo a lo que aspiran. También hay algún mundo donde les obligan a llevar armas y a defender a su planeta no se sabe muy bien de qué amenaza.

Como ha ocurrido a muchos científicos a lo largo de la historia, lo que han descubierto lo tenían delante de sus propios ojos, pero no lo veían.

Los científicos suelen poner su nombre a los descubrimientos que hacen. En mi caso, prefiero llamarle "Ley Saint-Exupéry de los Planetas Paralelos o cómo mirar sin ver", en honor al autor que la inspiró.

“He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.
El Principito - Antoine de Saint-Exupéry

La inocencia de la infancia nos debería enseñar a los adultos a mirar y ver el Mundo. No permitamos que les roben su inocencia.

Fuencisla González, con la ayuda de los militares españoles desplegados en Afganistán, reparte entre mujeres, niños y niñas ejemplares de El Principito traducidos al dari.

El Principito contra el talibán - Noticia de El País del 19/11/2010

2 comentarios:

Silvia dijo...

Gracias! acabo de descubrir el blog y desde luego contad conmigo para cambiar el mundo.
Hace falta mucha ayuda....

Lidia dijo...

Parabéns por este excelente texto, Ignácio!Infelizmente, para muitos, os direitos humanos não passam do papel!
É como diz Antoine de Saint-Exupéry : "... só se vê bem com o coração, o essencial, é invisível para os olhos..."

Parabéns pela iniciativa da distribuição do Principezinho, é um livro q toda a gente deveria ler.
Lídia C.

Publicar un comentario